En este 8 de marzo , desde la Asociación Victoria Kent alzamos la voz no solo por los derechos de las mujeres, sino por la vida misma: por las que resisten bajo las bombas, por las que enfrentan la enfermedad sin tiempo ni recursos, por las que sostienen la paz y los cuidados con manos invisibles. Este manifiesto es un grito colectivo que reclama justicia, salud, dignidad y el derecho a vivir sin miedo.
Manifiesto
Hoy 8 demarzo no hablamos solo de derechos de la mujer, hablamos de vida a ambos ladosdel mundo.
Hablamos devidas que resisten bajo el estruendo de las bombas y sostienen el cielo cuandoel mundo se derrumba guardando en sus bolsillos semillas de futuro entre tanta ceniza.
Hablamos devidas marcadas por un cáncer de mama que no entiende de esperas, de trámites burocráticos o de recortes de presupuestos relegando la salud de la mujer a un segundo plano.
Hablamos de mujeres y niñas que han crecido escuchando únicamente el susurro áspero del miedo, que han aprendido demasiado pronto el silencio que deja la ausencia, y que caminan por la vida con el peso del exilio cosido a la piel. Mujeres y niñas para quienes el hogar se volvió recuerdo, y la esperanza, a veces, apenas un hilo de luz temblando en la distancia.
Hablamos de mujeres que sostienen con sus manos invisibles los cimientos del sistema sanitario, que cada día libran una batalla silenciosa para que la salud de las mujeres deje de ocupar los márgenes y encuentre, por fin, un lugar central en las prioridades políticas. Mujeres que alzan la voz frente a una realidad que ha llegado tarde, que sigue siendo insuficiente y demasiadas veces marcada por la precariedad, insistiendo en abrir camino hacia un cuidado más justo, digno y plenamente reconocido.
Hablamos de guerras que tienen ojos de mujer, que camina descalza entre ruinas con el miedo apretado en el pecho y la vida sostenida en los brazos. Esa guerra que revienta en una mañana mochilas llenas de sueños y fulmina en segundos lecciones y juegos.
Hablamos de esa llamada que no suena, que agranda nuestra angustia, de esa revisión de mama cancelada y que abre una grieta en la confianza de quienes nos debería cuidar y proteger.
Hablamos pornuestras madres, nuestras abuelas…porque les dijeron que bajaran la voz, que la paciencia era virtud femenina
Nos enseñaron a encoger los hombros,
a pedir permiso,
a agradecer migajas disfrazadas de derechos.
¿Hablamos? Hablamos alto, y no para pedir, sino para exigir que:
Hablemos cuando decidas presupuestos sin mirarnos,
cuando negocias la paz sin nombrarnos,
cuando diseñas sistemas de salud
que no entienden cómo duele ser mujer.
Porque duele…..
Duele cuando nuestros síntomas se minimizan,
cuando el dolor se llama exageración,
cuando la ciencia nos estudia tarde
y la medicina nos atiende a medias.
Porque duele…
Cuando se bombardean hospitales maternos.
Se interrumpen tratamientos.
Se multiplican embarazos forzados,
violencias silenciadas,
cicatrices que no aparecen en los mapas.
Queremos mesas de negociación
donde nuestras voces no sean adorno,
sino dirección.
Queremos políticas que entiendan
que la paz también es acceso a un hospital,
a medicinas,
a acompañamiento seguro.
No somos daño colateral.
No somos estadística.
No somos nota al pie en tratados firmados con prisa.
Porque la salud es derecho.
Porque la paz es derecho.
Porque vivir sin miedo
no debería ser un privilegio.